jueves, 5 de junio de 2008

El arte y la torería

Arte y torería. O lo que es lo mismo, Morante y Cayetano, respectivamente. El sevillano llegó a la Monumental de las Ventas con ganas de poner en pie los tendidos. Cayetano hacía su estreno en el coso madrileño para confirmar su alternativa. Gran expectación levantó el cartel de la corrida de Beneficencia. Desde primera hora de la tarde, los alrededores de la Monumental respiraban la atmósfera de las grandes citas taurinas. Lleno de ‘no hay billetes’. No era para menos, la terna conformada por Morante de la Puebla, José María Manzanares y Cayetano hacía presagiar grandes momentos sobre el albero madrileño.

El envite comenzó con la salida al palco real de Su Majestad el Rey en cuyo instante se pasó del clamor de los tendidos al silencio absoluto. Seguidamente el himno de todos los españoles fue interpretado por la banda de la plaza. Una vez terminado el protocolo, los tres toricantanos realizaron el tradicional paseíllo, Cayetano desmonterado.

Cayetano recibió con el capote al primero de la tarde. ‘Pesadilla’, así se llamaba su oponente de Núñez del Cuvillo. El torero madrileño antes de llegar al último tercio recibió de manos de Morante los trastos. Una franela que se vio rasgada al engancharla con su pitón derecho el animal, al que no supo sacarle el máximo partido el pequeño de los Rivera Ordóñez. En el segundo de su lote, sexto de la tarde, salió a por todas sin llegar a realizar una faena de entusiasmo pero extraordinaria y llena de entrega. Tras el segundo tercio se vivió uno de los momentos álgidos de la corrida. Morante con tres chicuelinas y una media baja realizó un quite al toro lleno de artística. Cayetano no se arrugó y le respondió, se echó el capote a sus espaldas y por gaoneras salidas del pincel del mismísimo Picasso completó la afrenta. A su tío y apoderado, Curro Vázquez, fue a quien le brindó el toro. Pases de pecho en su justa medida a un ‘colorao’ que se dejaba querer más por la derecha que por la izquierda. Remató la actuación con muletazos hondos. En el momento supremo fue a por todas, consiguió introducir el acero al completo precedido por una media estocada. Oreja.

El de la Puebla del Río lo vio negro en el segundo de la tarde. Intentó darle unos pases pero ante la pasividad del animal, Morante desenfundó el acero. Los pitos se dejaron sonar en cada rincón de las Ventas. Todo cambió ante el cuarto, el sevillano imaginó una faena única, quería transmitir y demostrar su arte. Condujo de forma sublime a ‘Panadero’ hacia la puya a base de verónicas llenas de sentimiento rematadas con una media baja. La plaza llegó al éxtasis. El espectador quiso recordar por unos instantes las notas musicales del Orobroy para acompañar el quehacer del sevillano. Con la muleta ya se sabe. Si Morante sale inspirado hace maravillas. Y las hizo. Sin profundidad pero transmitió al respetable. La espada no le traicionó y entró como se dice ‘hasta la bola’. Oreja

José María Manzanares pasó desapercibido a causa del lote que le tocó lidiar. Con el capote fenomenal, como ya es habitual en su toreo. Pero una vez cogida la muleta, le faltó algo de transmisión debido a que se echó encima del toro y no le concedió terreno. A pesar de ello, recibió una ovación en su primera actuación. Con el estoque fantástico, en el último le hizo falta la cruceta.

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