viernes, 12 de junio de 2009

Épica en el coso de Frascuelo


Apoteósico, embrujo, arte... No hay adjetivos para calificar lo que sucedió ayer tarde en la Monumental de Frascuelo. El cartel anunciaba entre la terna a la máxima figura del toreo actual, José Tomás. Pero tenía otro aliciente, el joven Daniel Luque. El encargado de abrir la tarde fue Javier Conde. La Plaza de Toros de Granada,
llena hasta la bandera, era todo expectación e ilusión porque eran muchas las expectativas creadas en torno a esta corrida. Los toros anunciados eran de la ganadería de Núñez del Cuvillo.


La épica llegó a partir del segundo de la tarde. El encargado de protagonizar una vibrante e intensa faena fue el de Galapagar. Anteriormente, recibió a su oponente con verónicas templadas, extraordinarias chicuelinas y para rematar una excelente media. Al comienzo del trasteo, con la muleta en la mano izquierda, interpretó una magnífica y honda tanda por naturales. Le dejó espacio al de Cuvillo para citarlo desde lejos y mostrar su galope -algo que últimamente cuesta mucho ver-. Tras ello, el toreo en redondo cautivó a los allí presentes. Con la espada no estuvo fino y pinchó para después conseguir una estocada algo desprendida. Se le recompensó con un apéndice. La réplica la llevó a cabo Daniel Luque. El sevillano se propuso plantar cara a José Tomás. Que el madrileño no quiso música en su faena, yo tampoco quiero, decidió Luque. El momento álgido llegó cuando frente al toro planteó una serie de pases muy personales cambiando de mano y sin moverse del sitio. Algo extraordinario. Consiguió el máximo trofeo, dos orejas y rabo aunque este último quizá no lo mereció.


Esto no podía quedar así. A buen seguro que llegarían de nuevo instantes de los que nunca se olvidan. Y efectivamente así fue. Tras un descanso más largo de lo habitual, puesto que Javier Conde sufrió un golpe de calor, se reanudó el festejo. El malagueño no estuvo demasiado acertado en el primero de la tarde. Lo que no cabe duda es que mostró pequeños detalles de su toreo parsimonioso y artístico. Posiblemente demasiado artista preocupándose más por las posturas que por la faena en sí. En el segundo de su lote, más de lo mismo. Incluso recibió algunos pitos desde los tendidos por su genuina forma de torear. Se fue de Granada de vacío con división de opiniones.


El éxtasis tenía que volver al coso de la avenida del Doctor Olóriz. Y lo hizo. Los culpables los mismos de antes, José Tomás y Daniel Luque. La gente, que no se equivocó, esperaba un exultante Tomás en el albero. Decían por la mañana que regresaba a Granada con muchas ganas de hacer algo grande. No cabe la menor duda de ello. Con la rodilla en tierra, dibujó una fenomenal tanda de verónicas. Ya con la muleta, con los pies clavados comenzó la faena con emocionantes estatuarias. Luego, metiendo cintura, una magnífica tanda de naturales sin que el toro pillara en ningún momento la franela. Otro de los momentos cumbres llegó con la serie de molinetes invertidos. Al final una estocada contundente permitió al de Galapagar pasear las dos orejas y el rabo. Además, de conseguir una vuelta al ruedo para el quinto de la tarde. Pero la caja de las sorpresas todavía no se había abierto por completo. Si apoteósico fue lo anterior, más lo fue la faena de Luque al último de Núñez del Cuvillo. El sevillano consiguió mejorar su actuación al tercero a base de pases con una muleta que supo manejar con mucha clase. Sin moverse apenas del sitio, realizó un trasteo que caló muy pronto en los tendidos. Rápidamente el públicó, pañuelo en mano, pidió el indulto de 'Miraflores'. Al final sacó del baúl de las maravillas los cambios de mano (luquesinas) que causaron un nuevo delirio. Para poner un gran epílogo a una apoteósica tarde dos orejas y rabo simbólicas para Luque. La puerta grande del coso granadino vio como salieron dos grandes maestros del toreo: uno consagrado y otro camino de ello.

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