sábado, 2 de enero de 2010

En el día de la Toma


Atónito me he quedado esta mañana al asistir al acto conmemorativo de la Toma de Granada y leer algunas de las consecuencias que ha desencadenado. Me cuesta entender como no más de veinte personajes antisistema, seguramente llevados de forma obligatoria, asistan a la ceremonia cívica de la Plaza del Carmen para gritar en contra de la celebración. No tendrán nada que festejar como ellos decían, pues si es así que se queden en sus 'garitos'.

Es irrespetuoso, desde mi punto de vista, que todos aquellos que se consideran amantes de la libertad y el diálogo con la bandera del progresismo como emblema, intenten boicotear una fiesta que lleva celebrándose más de quinientos años. Para aquellos que no lo sepan, todos los 2 de enero de cada año, Granada celebra la reconquista del reino nazarí por los Reyes Católicos en 1492. Es pura demagogia decir que un acto como este fomenta los ideales ultraderechistas y fascistas en la sociedad. Señores, con ello lo que hacemos es conmemorar un hecho histórico que pertenece desde hace más de medio siglo al acervo cultural granadino, ni más ni menos.

Los detractores de esta festividad parecen no comprender que los árabes no fueron ni son santos. Resulta de un propagandismo barato vender que somos los malos en esta película. No entiendo que interés mueve a ciertas voces para denunciar la existencia de esta fiesta centenaria. Lo que no me entra en la cabeza es que una señora con un total desconocimiento del sentido y la tradición del mencionado festejo y que no es granadina se pronuncie ante la abolición de la fiesta. Que sí, que ha sufrido una tragedia enorme, la pérdida de su hijo. Todos recordarán el suceso en el metro de Madrid. Pero que mezcle la celebración de la Toma con la muerte de su primogénito es cuanto menos bochornoso y un insulto a los granadinos. Señora no confunda la velocidad con el tocino.

Lo decía días antes, estamos entrando en una espiral peligrosa de despojo cultural. Quiero pensar que esto es una percepción falsa pero en ciertas ocasiones me cuesta creerlo. La Fiesta de la Toma como cualquier otra manifestación cultural cargada de simbolismo y tradición nunca deben caer en el olvido. Mientras que la gente asista seguirán adelante las costumbres y permanecerá viva la idiosincrasia de un pueblo. Y hoy ha sido así. Más de 10.000 personas se han echado a la calle para presenciar la solemne procesión y ver tremolar el pendón desde el balcón del consistorio. Todos ellos, salvo una pequeñísima minoría, aplaudieron a los himnos de Granada, Andalucía y España con total deferencia. Aquellos ineptos que incordiaron no merecen ni el más pequeño de los respetos.

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