viernes, 20 de agosto de 2010

La veteranía, el arte y la mala suerte



Tarde de revienta calderas el martes en la Malagueta. Lleno de no hay billetes. Los rayos del lorenzo jugueteaban con los presentes en los tendidos pertinentes. La posibilidad de lluvia quedó descartada desde el inicio del festejo aunque más de una frente no se libró de la humedad mediterránea. La temperatura de la plaza tardó en subir. Hizo amagos ante las buenas tandas a la verónica de Morante a su primer oponente o en los magistrales pares de banderillas protagonizados por Juan José Trujillo, de la cuadrilla de Manzanares. Pero cuando realmente alcanzó cotas altas fue con la diestra de José María Manzanares. Franela en mano. Insistió por el pitón derecho y supo sacar pases de gran calidad. Se echó tan encima que en uno de los lances el toro le pegó una pequeña voltereta. El afán por demostrar su arte le valió para llevarse su primer trofeo.

Mientras que el incensante movimiento de los multicolores abanicos se hacía cada vez más notorio, le llegó el turno a Enrique Ponce. Abrió éste plaza con un sobrero descastado y soso que sustituyó a un hermano suyo con el que no terminó de encontrarse a gusto el torero. Todo cambió con el cuarto de la tarde. Sin duda, el más noble de la corrida. Se arrimó el de Chiva para regalar pases de enorme calidad y lo consiguió no sin perder intensidad el largo trasteo en algunas ocasiones. El burel fue de menos a más y eso lo aprovechó un Ponce que venía de abrir la puerta grande del coso malagueño el día anterior. Al final una oreja tras aviso.

El quinto no tuvo mucha historia. Desde que salió de los corrales no le agradó al de la Puebla y no quiso extenderse con la muleta lo que provocó el abucheo del público. Me contaron en la plaza que lleva varias ferias 'in albis' y como detalle a resaltar... !que aún no le han visto banderillear sobre el albero del paseo de Reading! Lo que se han perdido. Eso es cuestión de inspiración. Y por lo que se ve todavía no le ha salido su espíritu creativo. Estoy seguro.

Volvía José Mari a escena con el último. Lo tuvo claro desde el principio. El objetivo, salir a hombros. Situado en los medios y fijado el de Juan Pedro Domecq consiguió arrancarle muletazos de gran belleza por la derecha. El toreo al natural no fue menos aunque no alcanzó el nivel de los anteriores. Para rematar estocada profunda y dos orejas de ley tras el esfuerzo expuesto.

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